El Método GROW: Crecer cumpliendo metas.

Continuamente damos a conocer herramientas para la mejora de procesos en las áreas de gestión o  producción, pero ¿Qué pasa con las herramientas de trabajo personal? ¿No deberíamos aprender también a mejorar nuestro desarrollo personal para enfocarnos mejor en nuestros propios objetivos?

Nuestro compañero y colaborador, Carlos Marín,  presenta hoy este artículo sobre el Método Grow. Este método es válido para todo aquel que busque un cambio a mejor. Que busque hacer algo que no esté haciendo, o que busque dejar de hacer algo que esté haciendo.

Es muy válido a nivel empresarial para directivos, equipos de trabajo, comerciales, trabajadores, etc. su aplicación, como podréis comprobar en el siguiente artículo,  mejora de forma considerable los resultados en aquellos aspectos trabajados.

Todos los días hay un elevado número de coaches en el mundo que proponen a sus clientes el usar el Método GROW para establecer sus planes de acción que les permitirán conseguir sus objetivos.

Muchos piensan en John Witmore como el creador del método. Sin embargo, Graham Alexander fue quien los desarrolló en los 80 y se le atribuye por tanto su autoría.

Grow es un acrónimo de Goal-Reality-Options-Will. Traducido del inglés, significa crecer. Las siglas que conforman la palabra que da nombre al método definen cuatro etapas que debemos seguir dentro de un proceso de coaching para que consigamos nuestras metas.  La figura del coach es importante ya que será quien nos ayude a modo de guía en el tránsito de todo este proceso. Su función será la de preguntar, medir, analizar resultados y ayudar al coachee a que sus metas se puedan convertir en realidad.

No cabe duda que nos encontramos ante un sistema de resolución de problemas que ofrece resultados más que probados respecto a eficiencia y productividad. Su aplicación es muy simple por lo que se ha extendido ampliamente su uso en el mundo del coaching.

Primera fase: GOAL

En este primer momento la misión es definir nuestras metas y objetivos. Para ello, lo primero que deberíamos hacer es hacernos preguntas tales como qué quiero conseguir, qué es lo que quiero mejorar o cuál es mi reto. El colofón de esta etapa es que podamos dejar por escrito nuestro objetivo. Y no es sencillo en ocasiones.

El objetivo ha de ser específico, medible, alcanzable, realista, retador, enunciado en positivo, ecológico, ético, debe haber tiempo para poder trabajar y cumplirlo, etc. Seguro que en alguna ocasión hemos oído hablar de que los objetivos deben ser SMART, PURE y CLEAR. (Hay muchas entradas en internet donde se explica con detalle).

Se trata de que nos marquemos un objetivo con un final concreto, que deberemos reconocer en el momento en que lo logremos. Los expertos recomiendan que usemos también de forma correcta los términos objetivo y meta. Un objetivo suele ser a largo plazo, mientras que las metas son más a corto o medio plazo. Conviene establecer metas ordenadas en el tiempo cuya consecución nos lleve a cumplir el objetivo.

Segunda fase: REALITY

Definido nuestro objetivo, debemos ver cómo estamos en la actualidad, dónde y por qué. Evaluaremos nuestra situación de partida con preguntas que nos hagan dirigirnos con fuerza hacia el objetivo. Qué pasará si no consigo el objetivo, qué estoy haciendo para lograrlo, podría hacer algo que no hago, por qué no lo hago, qué necesito para hacerlo, donde estoy ahora, etc.

Estamos definiendo nuestro estado para favorecer posteriormente el detectar claramente todo aquello que me puede dificultar mi logro y ver qué hacer para salvarlo.

Tercera fase: OPTIONS

Ya tenemos concretado donde estamos, que queremos conseguir y hasta qué punto, con lo que el siguiente paso va a ser reflexionar y registrar todas aquellas opciones que se nos ocurran como posible camino para salir del estado actual y caminar hacia la consecución del objetivo.

El camino quizás no sea fácil porque aparecerán obstáculos que habrá que salvar. Es el momento de identificarlos también. Nos preguntaremos qué es lo que podemos hacer ahora, qué alternativas tengo, me puede ayudar alguien, cuáles serán los costes que he de pagar en cada alternativa, etc.

Debemos analizar todas las posibilidades y descubrir cuáles de ellas nos llevan al objetivo con el menor número de obstáculos, además de tener claro como los resolveremos si aparecen.

 Cuarta fase: WILL

Hay una frase muy conocida que dice que la diferencia entre un sueño y una meta es la acción. Conocemos nuestra meta, sabemos dónde estamos y adonde queremos llegar, y hemos analizado que posibles medios nos llevan a esa situación y qué posibles contratiempos pueden aparecer. Es el momento de planear lo que vamos a hacer.

Esta última fase tiene como objetivo el definir el plan de acción que nos permitirá lograr nuestra meta. De nada habrá servido todo el trabajo previo de desear algo y ser conscientes de mi realidad, sino elaboro una hoja de ruta adecuada a mis posibilidades.

Además de realizar el plan, es fundamental el compromiso con el objetivo. Constancia, esfuerzo, seguimiento de los avances, evaluación de metas intermedias definidas,… Si no nos comprometemos con algo que es importante para nosotros, ¿con qué o con quién lo vamos a hacer?

Como conclusión final, la recomendación es clara. Con ayuda de un coach, o sin su ayuda, el método GROW es sencillo, fácil de usar, y válido para plantear y lograr cualquier tipo de objetivos, ya sean individuales, de equipo, personales o profesionales.

Mucho ánimo con su utilización, ya que, con constancia e ilusión, el éxito está asegurado. Si tenéis interés en la aplicación de esta herramienta poneros en contacto con nosotros, nuestro colaborador asociado Carlos Marín Vinacua, redactor de este artículo Ingeniero Técnico Industrial,  MBA por la Universidad San Jorge y  Coach AECOP, imparte formación profesional, asesoría y acompañamiento personalizado a empresas y profesionales de todos los sectores.